Cinemateca de Cuba
Germán Puig, Ricardo Vigón
y Henri Langlois, pioneros de la Cinemateca de Cuba.
La
Cinemateca de Cuba nació bajo los auspicios
Aunque esta
presentación es clara no deja de estar algo errada, y constituye un perfecto
ejemplo de lo que Juan Antonio García Borrero hace llamar «icaicentrismo». La
Cinemateca de Cuba, tal y
Síntesis historiográfica
Antes de
estudiar concretamente cuales eran las condiciones de trabajo de Germán Puir y
Ricardo Vigón con Henri Langlois, y como los lazos que unían a estos tres
hombres finalizaron en un episodio desconocido de las relaciones
franco-cubanas, nos parece necesario recapitular sobre la forma en que sus
trabajos han sido evocados por historiadores y diferentes testigos de la época.
La confusión mayor gira alrededor de esta cuestión, y solo la consulta de los
archivos personales de Germán Puig, quien reside actualemente en
Una de las
posiciones más extremistas ha consistido en callar la existencia de la primera
Cinemateca de Cuba, con el propósito de establecer el mito según el cual la
historia del cine cubano debuta en 1959, con la creción del ICAIC. Es así como
en 1963, la revista Cine Cubano no dedica ni una línea a los esfuerzos de
Germán Puig y Ricerdo Vigón en el artículo dedicado a la institución, de la que
Héctor García Mesa es director en aquel entonces. El texto comienza de la forma
siguiente:
La
Cinemateca de Cuba fue creada, como un departamento cultural del ICAI, a
mediados de 1961, con el propósito de adquirir, conservar, y en la medida de lo
posible exhibir todo material interesante al conocimiento y estudio del cine
(films, literatura, equipos, etc), con especial atención de cuanto se refiere
al cine nacional. Ese mismo año fue admitida
Mario Rodríguez
Alemán tampoco hace referencia al trabajo de Puig y Vigón en su artículo
titulado «Bosquejo histórico
Michel Chanan
también insiste en la obra pionera de Nuestro Tiempo y de Valdés Rodríguez,
pero además menciona la existencia de la Cinemateca de Cuba antes de la
Revolución. Sun embargo, lo hace con
During
the 50s, [Carlos] Franqui had been prominent in the aficionado film movement.
He belonged to e group that included
Germán puig, the future ICAIC cameraman Ramón Suárez, and the writers Edmundo
Desnoes and Guillermo Cabrera Infante, which revived the Cinemateca; and he had
made, together with Puig, a short publicity film (Carta de una madre, Lettet to
a mother’). Puig and Desnoes made a short wivh was produced and edited by
Suárez4.
El nombre
En 1981, la
En aquel
entonces la Cinemateca de
El nombre de
Germán Puig desapareció, el de Ricardo sigue estando ausente, al igual que el
de Langlois, y además la historiadora ofrece dos informaciones inexactas:
Cabrera Infante jamás dirigió la Cinemateca (aunque le fue concedido el título
honorífico de «director») y esta no fue creada en 1956. Sin embargo,
Augusto
Martínez Torres y Manuel Pérez Estremera, en su libro Nuevo Cine
latinoamericano, mencionan también la existencia desde 1973 del grupo de
cinéfilos designado por Channan y Burton:
Por los
años cincuenta, un grupo formado por Edmundo Desnoes, Ramón F Suárez, Guillermo
Cabrera Infante, Germán Puig, Carlos franqui y Néstor Almendros crean la
Cinemateca de Cuba, que proyecta un ciclo compuesto por algunas de las
películas más importantes de la historia del cine, y realiza los cortometrajes Carta
a una madre, El guante, Pintura, Hamlet, en los cuales colaboran unos y otros.6
Ricardo
Vigón y Henri Langlois siguen sin ser mencionados, y la creación de
la cinemateca se presenta
Todas estas
aproximaciones y omisiones son tanto más sorprendentes cuando tenemos en cuenta
que, desde 1966, Arturo Agramonte había elaborado a grandes trazos la historia
de la Cinemateca:
Iniciada en 1948
De
allí que con gran pesar vieran desaparecer valiosas adquisiciones
Auspiciada
por la Cinemateca Francesa, y con la colaboración de la primera directiva de la
Sociedad «Nuestro Tiempo» y el apoyo de la Dirección de Cultura, la Cinemateca
de Cuba exhibió en menos de un año de labor continuada los filmes más
representativos de la historia
En
1955, la Cinemateca de
Agramonte puede
ofrecer estas informaciones porque él mismo participó en las actividades de la
Cinemateca, asegurando la proyección de algunos filmes8. Aunque el historiador no menciona
la labor de Ricardo Vigón y no explica las condiciones exactas de creación
El
profesor José Manuel Rodríguez fue invitado al Festival de Cannes y aprovechó
la ocasión para visitar al Ministro de Relaciones Exteriores francés, quien
donó a la Universidad de la Habana diez películas, entre ellas Balzac, París
1848 y El Correo de Lyon. A través del Departamento de Cultura del Ministerio
de Relaciones Exteriores, se relacionó con el señor Henri Langlois, logrando de
su entrevista el envió de programas a Cuba.9
Inmediatamente
después Agramonte evoca el conflicto entre José Manuel Valdés Rodríguez y toda
la joven Cinemateca de Cuba, y señala los límites de su conocimiento histórico:
El primer
programa de la Cinemateca Francesa que se proyectó en
El interés de
este fragmento es que de una forma discreta se rinde cuenta de los conflictos
que en los años 50 sacudieron al pequeño mundo de los cine-clubs de las
sociedades culturales. Pero se cuida mucho de entrar en polémica, ya que estos
temas de apariencia anodina en realidad tuvieron una gran repercusión después
de la Revolución, pues con la victoria de Castro había llegado la hora
Desafortunadamente,
el libro de Agramonte tuvo un difusión muy limitada durante mucho tiempo, pues
el ICAIC había retirado de circulación la mayoría de los ejemplares11 y
los datos históricos que contiene la obra no pudieron ser convenientemente
retomados y explotados. Habría que esperar hasta 1997 para que una nueva
publicación nos informara con detalles sobre la creación y la historia de la
Cinemateca de Cuba. Es así
[Marzo de
1948:] se funda el Cine club de la Habana, que en 1951 se integra a la Sociedad
Cultural Nuestro Tiempo y que posteriormente tomara el nombre de Cinemateca de
Cuba.12
Con habilidad,
la historiadora expone las bases de un discurso histórico que teniendo la
apariencia de la neutralidad, de hecho obedece a intereses superiores y
permanece fiel a la línea oficial que hace de Nuestro Tiempo el eje de la vida
cultural antes de la Revolución. María Eulalia Douglas no habla de Puig ni de
Vigón, y relaciona inmediatamente al Cine-Club de La Habana con Nuestro Tiempo,
cuando en realidad ambos organismos no establecen más que una breve relación no
exenta de conflictos. La cuestión es hacernos creer que el Cine club reconoció
la «autoridad» de Nuestro Tiempo desde la creación de este último, cuando en
realidad Germán Puig Y Ricardo Vigón siempre buscaron ser independientes.
Cuando después
María Eulalia Douglas dice que el Cine-Club tomó el nombre de Cinemateca de Cuba, ella prepara el
resto de su texto con vistas a negar el estatus de Cinemateca al organismo
creado por Germán Puig en 1951. Veamos
[Noviembre
de 1951] El Cine-Club de La Habana cambia su nombre por el de Cinemateca de
Cuba y continua integrado a la sociedad Nuestro Tiempo. A fines de este año,
debido a una crisis económica que atraviesa Nuestro Tiempo, la Cinemateca se
independiza. En 1953 suspende sus actividades y las reanuda en 1955.
Por carecer de cede propia, de
depósitos para las películas y archivos de documentación, esta cinemateca
funcionó
Después Douglas
retoma la lista de miembros de la dirección
[Mayo de 1956:] La Cinemateca de
Cuba interrumpe sus exhibiciones debido a diferencias de criterio entre los
miembros de la Junte Directiva. Poco después, al reorganizarse la Directiva, en
la que permanecen algunos miembros de la anterior, reanudan sus exhibiciones en
la sociedad Lyceum Lawn Tennis Club.14
Al igual que
Agramonte,
María Eulalia
Douglas termina mencionando de forma muy breve la disolución de la Cinemateca
de Cuba en diciembre de 1956:
[Diciembre de 1956:] La Cinemateca
de Cuba suspende definitivamente sus actividades. Al disolverse, devuelve al
Museo de Arte moderno de Nueva
La lectura de
los principales textos destinados al cine cubano nos muestran, por lo tanto,
que el asunto de la Cinemateca de Cuba sufrió un tratamiento provisto de
lagunas por parte de los historiadores, quienes en algunos casos mantuvieron en
silencio su existencia, y en otros casos,
intentaron minimizar su importancia haciéndola aparecer
como un apéndice de Nuestro Tiempo. Inclusos las obras con mayor número
de información (la de Agramonte y la de María Eulalia
Todo lo
que sé de cine [...] se lo debo a tres personas: Ricardo Vigón, Germán Puig y
Néstor Almendros. Pongo a Vigón en primer lugar [...] porque es a él a quien
debo más.16
¿Por qué razón
los fundadores de la Cinemateca de Cuba y primeros compañeros de ruta de
Cabrera Infante terminaron desapareciendo de la historia oficial
Primeros pasos: la creación
del Cine-Club de La Habana
Germán Puig y
Ricardo Vigón se conocen una noche
Aunque el
proyecto de creación de un cine-club no se concreta hasta algunos meses después
de ese curso de verano, ya se encontraba en proceso de gestación en el mes de
mayo,
Del 7 de mayo
al 5 de junio 1948, Germán Puig viaja a Nueva York, donde trabaja con vendedor
de hot-dogts durante el día y en su tiempo libre frecuenta los museos. Los dos
jóvenes se escriben casi todos los días. El 23 de mayo, Ricardo Vigón relata
una entrevista que tuvo con Valdés Rodríguez, y la descripción que hace no es
nada halagüeña :
El sábado
por la tarde fui a ver a Valdés Rodríguez, desolador Germán, terrible, lo
esperé largo rato, fui a las seis y media y llegó a las siete y media. Le di [síc]
tu dirección y hable de muy pocas cosas con él. Poco antes de irme me decidí y
le hable de la próxima clase. Pero me dijo que estaba muy ocupado, que no podía
ser ahora y que esperáramos a que tú [síc] llegaras. Yo le explique que era
necesario, para mantener el ambiente, continuar regularmente. Pero me dijo que
lo pensaría, tú sabes un
Ricardo Vigón
hace alusión aquí a la participación de Valdés Rodríguez en los proyectos
organizados por los dos jóvenes, y que constituían el embrión del Cine-Club que
deseaban crear. La Universidad había aceptado en un primer momento animar los
debates después de las proyecciones, pero su entusiasmo disminuyó muy pronto.
Como veremos más tarde, las relaciones entre Puig, Vigón y Valdés Rodríguez
entrarán en conflicto y la decepción de los dos estudiantes será aún mayor, pues
en un principio ellos habían pensado en asociar a su profesor en el proyecto.
El 25 de mayo,
Ricardo Vigón redacta una nueva carta donde explica en detalle la forma en la
que podría funcionar el Cine-Club:
Germán
estoy decidido a formar el Club, para los primeros días
Cuatro
funciones al mes. Cada socio tendrán derecho a asistir a dos funciones; en cada
función [síc] asistirán 50 socios o sea que los 100 disfrutarán de los dos
funciones mensuales y será una entrada mensual de 100 pesos, pues cada socio
pagará un peso mensual. Nunca faltará gente, pus si no hay gente que se
comprometan a pagar todos los meses un peso fijo, sin embargo, si [síc] irán un
día u otro y siempre estará llena la función. Alquilaremos sillas y con los 100
dólares podremos alquilar cualquier película, además obtendremos prestigio y
las compañías facilitarán muchas películas nuevas. Pondremos Iván el terrible,
La Bella y la Bestia, Las Puertas de la Noche, antes o después de V. Rodríguez.
Aramís me ayudará en todo después de las elecciones, sé que será un formidable
cerebro organizador.18
Mientras que
las funciones organizadas hasta ese momento por Puig y Vigón fueron
experiencias aisladas, ahora se trata de darle un marco legal y una estructura
al proyecto, haciendo de ello un auténtico Cine-Club. El 27 de mayo, Vigón
vuelve a mencionar el asunto:
Tengo que
empezar a recolectar a los futuros socios del CLUB, hablaré con Jorge León,
Leonor, Raul, etc, etc.... Quiero que cuando vuelvas te encuentres con nuestro
flamante Club, ¿cómo [síc] le pondremos? ¿Pro-Arte Cinematográfico? Me parece
acertado, además y no es por vanidad, el nombre le daría cierta continuación
con pro-Arte Musical, hacen falta varios Pro-Artes. Si has pensado otro dímelo,
de todos modos será una elección democrática.19
Contrariamente
a lo que esperaba Ricardo Vigón en ese momento, el Cine-Club no podrá ser
constituido
Propulsar
la difusión de la cinematografía artística en Cuba con fines de alta cultura
exhibiendo las cintas de mayor dignificación en el avance de la cinematografía
universal y con las utilidades que producen dichas exhibiciones, la creación d
una biblioteca cinematográfica, así como la adquisición de cintas y aparatos
cinematográficos en general, ya sean alquilados o comprados, pudiendo obtenerse
por todos los medios lícitos al efecto para los fines de la sociedad, haciendo
posible de esta manera la realización de filmes artísticos dentro de la
sociedad, elevando con ello nuestro nivel cultural.20
La Creación de la
Cinemateca de Cuba y el asunto Langlois.
Todo comenzó
con el viaje a París efectuado por Germán Puig en octubre de 1950. Mientras que
Gutiérrez Alea ya había filmado algunos cortos (ya fuera solo – El Fakir
[1947], La Caperucita Roja [1947] – ya fuera con Néstor Almendros –Una
confusión cotidiana [1950]-), Puig aún no había realizado nada (filmará Sarna en
1952 en la casa de Wilfredo Lam). Sin embargo, es el primero en partir hacia
Europa para comenzar sus estudios cinematográficos. Raúl Roa, en aquel entonces
Director de Cultura en el Ministerio cubano de Educación, le otorga la beca que
él había solicitado en septiembre de 1950, permitiéndole abandonar su puesto de
maestro interno en un liceo de La Habana pudiendo conservar su salario durante
un año.Puig embarca para Francia el 13 de octubre, y arriba al Havre 11 días
más tarde. Enamorado de la cultura y
Puig quería
solicitar el préstamo de algunos filmes franceses para el Cine-Club de La
Habana, pero Langlois le informó que uno de sus compatriotas había venido a
verlo el mes anterior por el mismo motivo: Valdés Rodríguez. Puig le explicó
automáticamente en que consistían las actividades de Rodríguez en la esfera
cinematográfica, pero no sabiendo que tipo de relaciones había establecido su
antiguo profesor con el director de la Cinemateca, no hizo mención de las
tensiones existentes alrededor del Cine-Club. Ante lo cual Langlois, elevando
su dedo índice hacia arriba, exclamó: « ¡Ustedes me esconden algo!».
Impresionado por la intuición de su interlocutor, Puig expuso en detalle el
conflicto que tenía con el profesor de la Universidad de La Habana, y los celos
que este alimentaba con respecto a su Cine-Club. Langlois tomó una decisión
inmediata y declaró: « Los filmes son para ustedes». La reunión había
terminado, solo había durado cinco minutos. Claro está, Valdés Rodríguez tomo
muy a mal la decisión de Langlois, y acusó a Puig y a los otros miembros del Cine-Club de haber
armado un complot contra él. En realidad, Rodríguez le había resultado muy
antipático a Langlois, e inmediatamente entabló amistad con Germán Puig, cuyo
entusiasmo e idealismo le recordaban su propio camino (Langlois había fundado
la Cinemateca francesa en 1936 junto a otro «iluminado» del cine, Georges
Franju, del mismo modo que Puig y Vigón acababan de crear su Cine-Club sobre la
base de igual amistad e igual pasión). Una carta de Gutiérrez Alea, que data
[...]
Néstor me escribió desde México diciéndome que había visto una carta que la
Cinemateca [síc] le había enviado al Cine-Club de México donde les decía que
tenían dos peticiones de películas desde la Habana: una de «un Personaje oficial muy desagradable» (sic. en
el original), (ya puedes suponer quien [síc] es, y otra de unos muchachos
jóvenes, y que preferían enviárselas [síc] a estos últimos. (los muchachos
jóvenes supongo que debemos ser nosotros). Con estos antecedentes resulta
desconcertante el anuncio del viejo V.R.21
Desde febrero
de 1951, Puig se puso en contacto con el embajador de Cuba en París, Héctor de
Ayala, y con Raúl Roa en La Habana, para organizar el envío de las latas de
películas que la Cinemateca francesa aceptaba prestar; pero por su lado, Valdés
Rodríguez maniobraba para recuperarlas a su llegada a Cuba. La lectura de la
abundante correspondencia entre Puig y los miembros del Cine-Club de La Habana,
entre ellos Gutiérrez Alea, nos muestran que los programas de cine francés fueron
objeto de una intensa lucha, y un desafío de poder en la Habana. Valdés
Rodríguez buscaba impresionar a los jóvenes responsables del Cine-Club
multiplicando los efectos
Querido amigo:
Una
carta muy apresurada para darte una mala noticia. Se trata de las películas de
la Cinemateca [síc], las cuales Valdés Rodríguez anunció que pondría en la
Universidad, pues las ha conseguido a través del Cónsul francés. Est sucedió
ayer, y no sabemos qué pensar ni qué hacer, pues no tenemos ninguna
comunicación oficial de Henri Langlois concediéndonos dichas películas. La
noticia,
De hecho, en ese momento Valdés Rodríguez no tiene la posibilidad de
proyectar las películas que anunciaba, pero en el mes de mayo sus manejos
terminan por dar resultado y logra que le fuera entregado un lote de películas
inicialmente destinadas al Cine-Club. El 27 de mayo de 1951, Gutiérrez Alea
escribe:
Querido amigo:
Aquí
estamos desesperados por saber de ti y de todo el problema de la Cinemathèque.
Hoy (ahora son las 8 de la mañana) me he levantado, y lo primero que he visto
en el periódico es un anuncio del Cine de Arte de la Universidad, de Valdés [síc]
Rodríguez: «El Cine de Arte de la Universidad se complace en anunciar su nueva
serie de clásicos
No voy a echar la carta hasta pasado
mañana para poder decirte con seguridad si el programa que presentará VR es el
mismo de la Cinematheque [síc] u otro. De todas maneras, debes enviarnos
noticias de lo que haces en ese sentido.23
Luego de haber asistido a la proyección, Alea continua:
Efectivamente,
las películas que puso VR en la Universidad son las de la Cinematheque [síc], y
las consiguió por mediación
El problema de
los papeles y los documentos oficiales se vuelve lancinante en la
correspondencia que intercambian Puig y los miembros del Cine-Club, y la
comunicación es lenta y difícil. Alea y Cabrera Infante no imaginan el
considerable trabajo que Puig realiza en París;
Tal y
En el mes de
julio (
En primer
lugar, no tengo que decirte lo muy agradecidos que estamos todos de ti, Eso ya
tú lo sabes. Y para los que no lo saben, lo diremos el día de la primera
función.
En cuanto
al problema que no podemos cobrar la entrada, creemos que lo podemos resolver
haciendo socios exclusivos
Te diré
que ya estamos inscritos con unos estatutos provisionales y con el nombre de
CINEMATECA DE CUBANA, pero que aperecemos ente el público como Cine-Club de La
Habana, hasta que tú digas que podemos hablar de nuestras intenciones de crear
una cinemateca [...]
Si no nos
envían regularmente los programas que dices que ya nos tienen separados, no
tendremos que ofrecer [síc] a nuestros asociados, y ya te puedes imaginar lo
que sucederá. Sobre todo por el hecho de que no solamente VR es nuestro
enemigo: tenemos muchos otros enemigos, que antes eran nuestros amigos y que
ahora sólo esperan la oportunidad de atacarnos. Estoy hablando en general de la
Sociedad Nuestro Tiempo, que es a quien le dirigen sus ataques, no solo al
Cine-Club. [...]
Por lo
tanto Germán, casi puedo decirte que en tus manos está gran parte de lo que
puede ser nuestro triunfo o fracaso. Quiero que sientas plenamente esta
responsabilidad.24
Las propuestas
de Gutiérrez Alea nos permiten comprobar con que intensidad vivía sus luchas
intestinas el mundo de la cinefília, pero de igual modo destaca la importancia
del papel de Puig en estos conflictos: su presencia y acción al lado de
Langlois lo volvían ineludible, por lo tanto muchos envidiaban su posición.
Estos celos desencadenaron dos actitudes: algunos,
A principios de 1951, Ganglios envía las
primeras películas específicamente destinadas al Cine-Club, pero por ineficacia
de la administración cubana el paquete demorará varias semanas antes de llegar
a sus destinatarios. A pesar de todo, las películas terminarán siendo
proyectadas en público en el mes de septiembre. Y a partir de ese momento la
Cinemateca de Cuba logrará organizar, en diversos lugares, numerosos ciclos
destinados a los clásicos del 7mo arte,
que tendrán un éxito creciente hasta que las actividades del organismo se
interrumpen en noviembre de 1952.
El 13 de
octubre de 1951, Puig envía una carta a Alea para puntualizar con él el tema de
la creación de la Cinemateca, que aún seguía sin arreglar. Señalemos que en
aquella fecha, la relación entre los dos jóvenes estaba tensa: Alea esperaba
que Puig lo ayudara a inscribirse en el IDHEC y a organizar su viaje a Francia,
y le reprochaba que no se ocupaba lo suficiente de él. Puig, por su lado,
consideraba haberle enviado las informaciones necesarias y se mostraba
impaciente ante la incapacidad de Gutiérrez Alea para hacerse cargo. Estas son
las instrucciones que Puig le envía a Alea (
Ahora,
hablemos de la CINEMATECA CUBANA. He recibido tus cartas y el programa.
Langlois lo ha visto y esta muy contento y ha pasado por alto todas las demoras
de las cuales no nos responsabiliza [...]. Lo urgente según el es constituir la
Cinemateca Cubana de acuerdo con los reglamentos que envie con el segundo
programa, constituir la directiva que la encabezaran un presidente o
representante oficial, que en este caso debo ser yo para los efectos de la FIAF
[...] y tambien de un director o secretario general [aquí Langlois] que se
ocupara de la direccion de la Cinemateca.
Si tu te quedas no veo a nadie mejor para ello, si te vas habria que
tenerse mucho cuidado a quien se le confía. Te dire que estoy un poco disgustado
contigo por el hecho de que nunca me has hablado de quienes están trabajando
contigo.25
Puig continua
más adelante:
Una vez
constituida la Cinemateca tirar copia de los reglamentos y la directiva en
mimeógrafo y enviarme varias copias para mi, la Cinemateca y la FIAF; si no es
así Langlois me ha dicho que no puede justificar ante dicha Federacion de
Archivos de Films la ayuda que nos presta. Esta muy bien el que lo hayas
escrito; por otra parte te dire que una vez constituida la Cinemateca queda
automaticamente separada de Nuestro Tiempo dicha union resulta problemática.
La última frase
no podía ser más clara, pero no es hasta el regreso de Puig a
A finales de
octubre de 1951, Alea parte finalmente para Italia, al Centro Sperimentale di
Cinematografía de Roma. Allí se reúne con Julio García Espinosa y permanece
hasta 1953 (Ricardo Vigón, por su parte, se dirige a París a finales de agosto,
y Puig se lo presenta inmediatamente a Langlois, quien lo había contratado en
la Cinemateca Francesa). En ausencia de Alea, Néstor Almendros toma el relevo
en La Habana, recepcionando los filmes que Puig y Langlois empezaron a enviar
de manera regular. Aunque el asunto de los estatutos de la Cinemateca aún no
estaba arreglado, el director de la Cinemateca Francesa continuaban brindando
todo su apoyo a la iniciativa de Puig, y se mostraba encantado de poder ayudar a
la difusión de la cinefília de la cultura francesa.
La primera
carta que Almendros escribe el 2 de noviembre de 1951 señala una vez más la
importancia del trabajo de Puig en París, y de igual modo permite comprender
porque Nuestro Tiempo se empeñaba tanto en ampararse del Cine-Club.
La ayuda
tuya al «Cine-Club» (ahora Cinemateca Cubana) ha sido fundamental, sin ella no
hubiéramos [síc] podido escapar de una muerte segura en manos de los
distribuidores, de la incomprensión y de ciertas personas que tu [síc] conoces.
A «Nuestro Tiempo» también la ha salvado. Con la enfermedad de Harold la
sociedad se quedó [síc] prácticamente sin cabeza y todo parecía se iba a
desmoronar. Todo el mundo se iba por su lado y nadie quería trabajar. Hace unos
meses que Nuestro Tiempo ha existido gracias al cine Cine-Club, ya que no ha
habido otro acto en todo este tiempo [...]
Donde
Nuestro Tiempo está teniendo un éxito «delirante» es en las funciones
Almendros
también evoca los celos de Valdés Rodríguez, quien continua actuando para sabotear
el trabajo del Cine-Club:
Tal ha
sido el éxito que, según parece, VR esta [síc] muriéndose de rabia. Hemos
sabido que habla
Almendros
también cita la transformación del Cine-Club en Cinemateca :
Entre mi
mamá y yo hemos traducido los estatutos de la Cinemateca Cubana y solo falta
hacerle algunas modificaciones para que se legalice y cambiemos oficialmente
nuestro nombre por el de Cinemateca Cubana [...].
Antes de
salir Titón tuvimos una pequeña reunión los del cine club para ver que reformas
se hacían con su salida y principalmente como se iban a distribuir los cargos.
Ya de acuerdo con los estatutos de la Cinemateca las «elecciones» quedaron
La
correspondencia entre Almendros y Puig nos indican que después de la partida de
Gutiérrez Alea, seguían existiendo problemas de transporte y recepción de los
filmes de la Cinemateca Francesa, y ocurría que algunos envíos que debían tener
un período mensual, se perdían momentáneamente (el único aliciente era que los
paquetes no caían en manos de Valdés Rodríguez). Por lo tanto, los responsables
del Cine-Club debían buscar películas de reemplazo para los distribuidores
locales, pero estos nunca atraían a tanto público
En diciembre de
1951, o enero de 1952 (no pudimos encontrar la fecha con precisión), luego de
varios altercados, tuvo lugar un encuentro entre Valdés Rodríguez y la dirección de la Cinemateca (que aún no había
arreglado el problema de su cambio de estatutos). Poco tiempo después, Cabrera
Infante escribe a Germán Puig para
hacerle un resumen de la reunión, evocando en su carta los reproches hechos por
el universitario a sus antiguos estudiantes. También explica que Valdés
Rodríguez mostró las cartas que habían intercambiado con Langlois y no comprende porque el director de la
Cinemateca Francesa prefirió colaborar con un grupo de jóvenes desconocidos en
lugar de hacerlo con la Universidad de la Habana. Como Rodríguez no puede
imaginar que Langlois lo detesta, piensa que los responsables del Cine-Club montaron
una contra él, e incluso los acusa de haber robado el fichero de los miembros
de su propio Cine-Club. Cabrera Infante concluye que la reunión no permitió
desactivar el conflicto y que todo el mundo se mantuvo en su posición. El
desagrado que le provoca Valdés Rodríguez es tan fuerte
Durante ese
tiempo Puig trata de continuar su estancia en París, pero finalmente no logra
obtener la beca de la UNESCO que tenía prevista. Por lo que deberá pedir a su
madre que le envíe un poco de dinero para permanecer unos meses más. Después de
haber renunciado a inscribirse en el IDHEC, que reabrió sus puertas en
septiembre de 1951, por un tiempo estuvo pensando en ir al Centro Sperimentale
de Roma, pero por falta de medios financieros abandona la idea (parece ser que
Gutiérrez Alea fue quien heredó el puesto que tenía reservado el director de la
escuela, Mario Verdone, para Puig después de haberlo conocido en la Cinemateca
Francesa). Germán Puig decide por lo tanto regresar a
Supongo
que sabrás que espero ir a
Esta carta pone
en evidencia las dificultadas que tenía Puig para orientar y controlar la
Cinemateca desde París, por eso regresa con cierto alivio a La Habana el 1 de
mayo de 1952. El sabe que puede contar con Ricardo Vigón, quien permaneció con
Langlois, para continuar el envío de las películas en su lugar. Pero este texto
también non muestra que Puig, contrario a lo que pudieron escribir sus
detractores, no concebía la Cinemateca de Cuba
Almemdros, al
parecer teniendo en cuenta las reprimendas de Puig, le respondió unos días
después:
Voy
detrás de un apista de filmes mudos cubanos. En esta semana se resolverá.
Guillaremos está encargado de ver a Santo y Atraigas para lo mismo. No sé [sic]
si habrá hecho algo. Comprenderás que no puedo estar al tanto de todo: tango
también otras cosas además de la Cinemateca.28
Las palabras de
Almendros subraya las limitaciones de los miembros de la Cinemateca: su
dedicación era voluntaria y solo podían hacerla en el tiempo libre que les
dejaban los estudios o el trabajo. Además, tenían un problema fundamental: el
almacenamiento de los filmes. Aunque habían logrado encontrar películas cubanas
y sacarle copias a las que enviaba la Cinemateca Francesa (lo que probaron
hacer desde que pudieron), no habrían tenido un lugar donde almacenarlas (al
contrario de Valdés Rodríguez, que disponía de algunas estanterías en la
Universidad).
El 1 de mayo de
1952, Germán Puig regresa a
a) conservar
toda clase de documentos (fotografías, artículos, revistas, libros,
manuscritos, programas, periódicos, partituras musicales, material de
publicidad, guiones, textos impresos, manuscritos o dactilografiados, maquetas
de decoración, dibujos, trajes, recuerdos)que hayan pertenecido a la
cinematografía y filmes positivos y negativos que le seas confiados en
depósito, prestados, dados y que puedan adquirirse.
Por consiguiente,
la asociación lo que deseaba era conservar filmes y documentos relativos a l
cine, incluso otros artículos que pudieran de igual modo favorecer la difusión
Con el fin de
marcar la independencia de la Cinemateca, Puig separó, desde su llegada, sus actividades de las de Nuestro Tiempo; sin
dudar,
Veamos lo que escribiría
Germán Puig a Ricardo Vigón el 15 de agosto de 1952:
Ricardo:
Estas
líneas para explicarte el asunto VR. –Cinemateca-Artic.
Después de varios intentos, hoy en
casa de E.H. Alonso nos reunimos con V.R.
La Artic nos cerró la prensa hace ya
días y V.R. nos acusa de llamarle ladrón, no teniendo otras pruebas que los
comentarios de algunos de sus allegados. El Sr. Alonso estima que las películas
debieron ser entregadas a la Universidad por ser este organismo nuestro máximo
centro docente, etc., etc., que es una manera sutil de ponernos frente a la
Universidad pues ya tú sabrás lo que les importa a estos la docencia, la
decencia y todos esos conceptos que tan libremente usan. Y nos acusó
incluyéndote a ti de querer perjudicarlo.
La Artic
estima que toda la divulgación cultural [sic] de tipo cinematográfico debe ser
ofrecida por la Universidad y no nos confiere «estabilidad» suficiente para que
ofrezcamos nosotros esos programas. Se nos acusa de haber tratado con Langlois
la obtención de los programas «por medio no muy recomendables [sic] ». Nos
acusan de difamarlo, etc. [...].
Sigue una
información sorprendente :
Piensa
querellarse contra M. Langlois y difamarlo; aquí han dicho que es un
irresponsable que no tiene suficiente moral para ocupar el cargo que ocupa.
Nosotros no queremos escribirle a M. Langlois informándole sobre estas cosas
pues nos parece mejor que tú, que estás cerca de ellos, se los informes
personalmente. E.H. Alonso es el Presidente de la A.R.T.I.C (Asociación de
redactores teatrales cinematográficos).
De por
medio estarán probablemente El Sr. Embajador de Francia. El Ministerio de
relaciones exteriores y en caso de fracasar sus gestiones nos han dicho que
apelarán en una campaña difamatoria por medio de la prensa francesa.
Frente al cambio
delirante que tomaban los acontecimientos, Puig solo podía concluir de la
siguiente manera:
El
problema es en síntesis: forzarnos a cederles las películas. Tú sabes que no
hemos tenido crítica y que ninguno de esos señores amantes
Pero el peligro
no venía simplemente de fuera: en el seno mismo de la Cinemateca, algunos
criticaban el trabajo de su fundador. Un
ejemplo es que durante su estancia en Venecia, en septiembre de 1952, Gutiérrez
Alea explica a Ricardo Vigón que Germán Puig no es la persona más indicada para
dirigir el organismo. Vigón resume
Titón ha
enrolado [a Julio García Espinosa] en sus asuntos, y forman una unidad de
pensamiento y perspectivas. [...] Titón y Julio estaban de acuerdo en que tú no
estabas capacitado para manejar los asuntos del Cine-Club y hasta me
preguntaron quiénes estaban trabajando allá en el Cine-Club y siguen conlas
ideas eternas de la dependencia de los periodistas, les afectó mucho la
historia de la A.R.T.I.C. Además inmediatamente me dijeron lo que había
predicho en la carta anterior y opinaron que tú no habías hecho nada en París y
que para tener una verdadera personalidad cinematográfica había que hacer una
escuela. Me trataron de empujar la idea de que ellos hoy en día tienen tal
personalidad. [...].
Frente a
la cuestión de si eras o no el que debías estar frente a los asuntos de la
Cinemateca, les dije que tú eras la única persona que de vida estabas
comprometida con ella no sólo en pasado y presente sino también en futuro y que
todos los logros de ella (la Cinemateca) estaban basados en tu labor. Te dir´r
que esto los calló definitivamente.29
Efímero renacimiento de la
Cinemateca de Cuba
Aunque las condiciones
exactas de la disolución momentánea de la Cinemateca siguen siendo confusas
(Germán Puig no recuerda más detalles, además parecer ser que en ese mismo
período su vida personal era complicada), una cosa es cierta: nunca se
cuestionó el apoyo de Langlois y de la Cinemateca Francesa. Eso lo comprobamos
en la lectura de las cartas de Ricardo Vigón, en particular en una enviada el
27 de abril de 1953 a Adoración, la esposa de Germán Puig:
Una cosa
fundamental es que no me informas de si la Cinemateca existe o no (según carta
de Alejo, Germán dice que no anda bien por falta de filmes, pero esta no es la
razón pues basta con perdírmelas para que yo haga todas las gestiones),
Langlois y Meerson siempre me preguntan por ella y yo he tenido que decirles [...]
que al parecer esta ha dejado de existir. [...] Ellos le tienen un gran cariño
a Germán y siempre insisten preguntándome por él.30
Langlois
continuaba comunicándose con Puig, aconsejéndole en particular de no perder
contacto con la FIAF.
De 1952 a 1953,
los miembros de la Cinemateca siguen frecuentándose , pero las relaciones se
debilitaron y cada uno siguió su
trayectoria personal: Cabrera Infante comenzó la carrera de periodismo;
Gutiérrez Alea, que ya había regresado
de Italia, es acaparado por Nuestro Tiempo; Néstor Almendros se encuentra en
New York y Germán Puig encontró un trabajo de redactor-diseñador en una agencia
publicitaria, En 1955, Puig llega ha filmar un cortometraje para la seguridad
vial, patrocinado por Esso y titulado Carta de una madre (la película tiene
tanto éxito que la dirección de la compañía petrolera le escribe para
felicitarlo). Un año antes, él había fundado con Carlos Franqui una pequeña
sociedad de producciones de cortometrajes.
En octubre de
1955 (
Este renacer de
la cinemateca cubana provocó nuevos ataques de Valdés Rodríguez. Cinco años
después de haber reclamado el monopolio de exhibición de filmes enviados por la
Cinemateca Francesa, el profesor de la Universidad de La Habana pretende en
este momento controlar la exclusividad de la difusión de los de MoMa. Pero uno
de los responsables
Mr. Adams
tells that Señor Rodríguez [sic] has claimed taht’ he was the only man in
Cuba who was permitted to import Museum films, that we had given him an
exclusive license to do so. This is, of
course, manifestly impossible: we never grant exclusive licenses to anyone to
rent films in a given area [...]
Please do
not hesitate to write if we can help in any way.31
Sin embargo,
Valdés Rodríguez será menos dañino que la primera vez, y al parecer su instento
de desestabilización de la Cinemateca se desconoce en adelante. La crisis se
producirá desde adentro, al estallar una violenta disputa entre los miembros de
la dirección a mediados
En
medio del ciclo, que duró del 3 de diciembre de 1955 al 26 de mayo de 1956,
parte de la directiva, en nombre de una «toma de conciencia política», decidió
interrumpir el ciclo de Bellas Artes secuestrando una de las películas a punto
de exhibirse. Yo no entendía esa actitud. Siempre he sido apolítico. [...]
No recuerdo de qué
película
Al finalizar el ciclo
y a causa de este conflicto, Zéguendi me retiró su apoyo y quedé solo con Julio
Matas, excelente compañero, y Rodolfo Santovenia, amigo excepcional. 32
Puig
desengañado, nos cuenta más adelante el final de esta cinemateca por la que
tanto había luchado:
Al pedir
el apoyo
La implosión de
la Cinemateca selló los encuentros momentáneos de Cabrera Infante y Nuestro
tiempo, algunos miembros de la sociedad cultural, entre ellos Gutiérrez Alea,
habían participado en la suspensión voluntaria. De un modo irónico, las dos
tendencias ideológicas que cada uno representaba iban a enfrentarse algunos
años más tarde durante el caso P.M, y en esta ocasión Guevara pudo más que
Cabrera Infante.
Regreso a París
Muy afectado
por el conflicto y la desaparición de la Cinemateca, Germán Puig se dirigió a
Langlois, de cuya amistad no dudaba. En diciembre de 1956, le escribe para
explicarle la situación y hacerle saber su deseo de regresar a París para
trabajar en la Cinemateca Francesa (la carta, redactada en francés, tiene algunos
errores en el idioma que decidimos conservar) :
Querido amigo:
Ayer en
la tarde vi a Carlos Figueredo, me estuvo hablando un buen rato sobre ti, de tu
pequeña lista de encargos en donde la última era «noticias de Germán Puig». Me
siento un poco culpable de no enviártelas más amenudo, pero no me gusta estarme
quejando y mi batalla ha sido terrible y más
que estéril. Casi todo el mundo está en mi contra debido a sus intereses
para nada puros [...]. La Cinemateca d
Una
oleada de celos me ha rodeado durante mucho tiempo sin que yo me hubiese dado
cuenta; lo que concluyó con nuestra partida del Instituto de Cultura, forzada
por algunos miembros de nuestra ex-directiva : Guillermo Cabrera Infante, Roberto
Branly, Jaime Soriano, Paul Villanueva, todos conscientes de que ese era el
primer paso para la liquidación de la Cinemateca de Cuba, como pudimos
comprobar más tarde. En fin correspondencia violada y robada por Cabrera
Infante, que se erige
Carlos me
dijo que estuvo trabajando contigo, que le dabas para vivir y que al partir le
pediste si podía dejar a alguien en su lugar. Bien, SI ESE PUESTO ESTA ABIERTO
Por supuesto
que Langlois acepta ayudarlo pero le advierte de las dificultades que se
encontrará : la Cinemateca Francesa no tiene dinero y solo podrá ofrecerle un
miserable puesto de cursillista. A pesar de todo, Puig está decidido a irse de
Proyectos abortados
Cuando Castro
arriba al poder, Alfredo Guevara emprende la tarea de centralizar todas las
actividades cinematográficas y ponerlas bajo su mando. En marzo de 1959, creó
el ICAIC y recurre a los antiguos miembros de Nuestro Tiempo para conformar el
núcleo
Al inicio el
ICAIC se presenta
Ricardo Vigón y
Germán Puig se tropiezan con las hostilidades de Guevara, y ninguno de los
proyectos que defienden será aceptado. A Ricardo Vigón se le prohibirá incluso
el acceso al ICAIC.
Vigón regresa a
La Habana poco después de la creación
Debes
regresar en estos momentos aunque después te vuelvas a ir, tú sabes que ahora
no te será difícil hacerlo, si ves que no te conviene quedarte.
Yo trato
de resucitar la Cinemateca, por supuesto que cuento contigo y así lo he hecho
constar en Memorándum que presenté al Instituto de Cine y que presentaré
también en el Bellas Artes. Me parece muy interesante lo
El juicio que
Vigón hace sobre el trabajo de Gutiérrez Alea es definitivo, y él no dudará en
formularlo delante de Guevara cuando las relaciones se volvieron abiertamente
conflictivas ( Vigón incluso llegará a abofetear al director
Germán,
Ya ha
pasado 3 semanas de estar a aquí. Mis impresiones han cambiado. Pero antes de
hablar de mi te diré lo tuyo.
Creo que
no debes venir sino teniendo algo en concreto. Lo de la Unesco me parece muy
bien. Debes entonces hacer todas las gestiones para esto y no dejarte caer. Por
qué no escribes al ministro de Educación Armando Hart? El es amigo de Titón
pero nunca tuvo nada que ver con nosotros [...].
Ayer vi a
Maritza Alonso quien se ocupa en Bellas Artes de Cine, Radio y Televisión.
También de fotografía (nueva creación en cuanto a Departamento). Es con ella
con quien tengo que ponerme de acuerdo para lo de la cinemateca. Ya presenté el
memorándum. Está de acuerdo para que tú seas el enlace con la cinemateca en
Francia y se te pagaría algo: ella es persona difícil, pues acomplejada. Teme
que yo quiera apoderarme de un cargo que le pertenece, así que yo sería colaborador
solamente. No importa. Por qué no hablas con langlois y le explicas la nueva
situación? Temo que alguien le escriba antes. Dile que soy yo quien se ocupa de
esto. Por mi parte le escribiré. [...]
Ricardo Vigón
continua explicando lo que le reserva Guevara:
No vengas
con las manos vacías. Hay quien me aconsejó que no ligara mi nombre al tuyo,
pues me perjudicaría con los demás, yo creo que es cierto. Pero no tengo ningún
interés en estar a bien con cierta gente. Guevara no me tiene voluntad (automáticamente),
y trata de dejarme fuera. Hasta ahora lo logra. Trataré de ingresar en el
sindicato y lo haré con la ayuda de Guevara, aver si se niega. He pensado
(ahora) conseguir una beca para estudiar en la IDHEC, ni sé si convendría más,
me repugna un poco la perspectiva de luchar con esta gente. Pero en
La
persona que más cálidamente me ayuda es Lezama Lima, es verdaderamente alguien
excepcional.
Apreciaremos la
lucidez con la cual Vigón observa la situación y entrevé el porvenir: el ICAIC
ya se está convirtiendo en coto vedado a los antiguos miembros de Nuestro
Tiempo y todas a quellas iniciativas que puedan competir con el monopolio que
intenta crear Guevara son muy pronto eliminadas, sobre todo cuando provienen de
individuos que rechazan la instrumentalización del cine en arma política.
Ricardo Vigón vive muy pronto la experiencia. La situación se degrada rápidamente
y el 30 de julio el balance que hace de la situación es aún más sombrío que el
de la carta anterior:
Entre
Guevara y yo había una especie de statu quo hasta ahora mantenido. La realidad
era que no me quiere en el Instituto [...] Titón por su parte muy negativo y
sin mover el dedito para ayudarme. Hubo dos o tres débiles acciones para
colocarme ailleurs [sic], por ejemplo la cinemateca de Bellas Artes. Esto de la
cinemateca si se hace será gracias a mis carreras.
Más adelante
Vigón explica que en una reunión con Guevara, él expresó todo lo que pensaba de
la película de Gutiérrez Alea, Esta tierra nuestra [1959]:
Todo el
mundo salvo Guillermito que puso reservas elogió el film, considerado casi
siempre obra maestra. Bien, el otro día en casa de Franqui le dije a Guevara
delante de todos que Esta tierra nuestra era una mierda y además la
demostración eclatante [sic] de la mediocridad de Titón y Cía. Y que ellos no
eran los únicos que podían hacer cine. Guevara me pidió que lo demostrara. Yo
contesté que cómo si ellos poseían el instituto, el dinero, los aparatos, etc.
Vigón describe
con justeza el problema que acarrea la centralización absoluta de los medios de
producción cinematográfica que Guevara estaba estableciendo, y comprende que su
situación en ese momento estña totalmente comprometida:
Ahora
tengo a Guevara de enemigo mortal declarado, a Titón por supuesto y a Espinosa
ni se diga. Guillermito no me defendió aunque tampoco me atacó abiertamente.
Dijo que él opinaba que yo estaba en una posición anacrónica, que Guevara
poseía la actitud más práctica en relación con el cine y que él es la persona
indicada para administrar el Instituto [...] De Guillermito tengo sospechas. El
no está con los otros dos, pero no se atreve a estar de mi parte porque yo no
le sirvo de nada y sería tomarse todo el riesgo, y él no es un individuo que se
tome riesgos.
Seul Carlos
Franqui, que no comparte el sectarismo de Guevara, acepta hacer trabajar a
Vigón:
El asunto
ahora es que Franqui me ha prometido que si yo presento un buen plan para
filmar, él me apoya, Franqui es el más fuerte [...]
Tengo el
plan de realizar un documental sobre la ciénaga de Zapata con guión de Retamar,
Fayad y Oraa. Una trilogía, episodios cono en Paisa. Ahora viene el «clou» de
mi carta. Germán, ven, es necesario que vengas. Yo planteé a Franquee, y a
Guillermo que tú tienes que estar aquí. Yo solo soy muy débil. Pero contigo
aquí, es distinto.
La tentación de
volver a
MEMORANDUM
De Germán Puig
Paredes, Experto audiovisual
Al Dr. Raimundo Lazo,
Embajador de Cuba ante la UNESCO.
ASUNTO. Creación en Cuba de un
Centro Audio-Visual, eventualmente anexo a la Cinemateca de Cuba
POSIBILIDADES
DE CREACION DE DICHO ORGANISMO
A través de la ayuda ofrecida por el
Dr,. Lefranc, mi director de estudios, director
Mediante [sic] el apoyo del
Ministerio de Relaciones Exteriores (M, Michel M. De Beauvais, M. Gaussen) con
donación de material audio-visual: vistas fijas, films, y eventualmente equipos
estando asegurada la donación de grabadoras magnéticas, para la enseñanza del
francés elemental y de idiomas extranjeros, así como la presencia en Cuba de un
Experto Audio-Visual para la utilización de dicho medio; a cuenta del citado
Ministerio.
Además, eventual donación
bibliográfica [sic] y de publicaciones periódicas especializadas por parte del
Dr. Mattei del Centro de Documentación.
Me parece también oportuno señalar
que el Sub-didrector del Centro Audio-Visual de Saint-Cloud, Sr. Max Egly me ha
manifestado su interés en ir a
Ante la
ausencia de respuesta por parte de la autoridades cubanas (hoy no se sabe si el
documento solo fue leído por las personas implicadas), Germán Puig no se
presentó en el congreso de la FIAF y se resignó a ver a su proyecto desvanecer.
Aun cuando había algo de anacrónico en el hecho de querer construir con ayuda
de Francia un centro audiovisual llave en mano en un momento en el que Cuba
buscaba la emancipación de la tutela extranjera, la gestión de Puig no era
menos coherente con relación a su trayecto personal y daba muestras de su unión
indefectible a la causa del cine de su país.
A principios de
1960, se pierde definitivamente toda esperanza de ver revivir la Cinemateca
cuando fallece Ricardo Vigón, a consecuencia de una enfermedad intestinal que
sufría desde la niñez. Puig recibió con dolor la noticia y la muerte de Vigón
aumentó su sentimiento de
Querido Néstor,
Tu carta
llegó hace un par de días y me produjo verdadera alegría, aparte de mi familia
no recibo noticia alguna de mis compatriotas después de la muerte de Ricardo
que era la única persona con quien mantenía una relación viva a pesar de la
distancia. Tu carta además de hacerme saber de tus cosas me confirma cuanto
esperaba de la situación
Puig creyó
equivocadamente que Guevara no se quedaría por mucho tiempo a la cabeza de
ICAIC, y sobrestimó el poder de Franqui y de Lunes de Revolución, pensando que
podrían oponerse a Guevara con éxito. Por el contrario, en 1961, con el caso P.M,
derroca la tendencia liberal encarnada por Franqui, los hermanos Cabrera
Infante, Almendros y Giménez Leal (todos terminaron en el exilio). El nombre de
Vigón y de Puig desapareció progresivamente de los manuales
Conclusión
Yo sé que
ustedes son poetas, que necesitan aire, y el poco que queda en Francia igual
sigue siendo aire.
Hoy en día no
nos pertenece decir si el rechazo de Alfredo Guevara de reactivar la Cinemateca
(
Emmanuel Vincenot
Universidad de Versalles St Quentin en Yvelines
Resumen : Este
artículo explora las condiciones concretas de la creación y desaparición de la
primera Cinemateca de Cuba e intenta poner en evidencia el rol primordial de
dos figuras voluntariamente olvidadas en la historia del cine cubano: Germán
Puig Y Ricardo Vigón. Igualmente se señala la ayuda decisiva que les aportó
Henri Langlois y revela la existencia, inmediatamente después de la Revolución
de 1959, de un proyecto de centro audiovisual en La Habana, apoyado por la
autoridades francesas la época.
Palabras claves
: Cinemateca de Cuba, Germán Puig, Ricargo Vigón, Henri Langlois, Alfredo
Guevara, Cine-Club de La Habana, Nuestro Tiempo, relaciones franco-cubanas.

