Cinemateca de Cuba
Germán Puig, Ricardo Vigón
y Henri Langlois, pioneros de la Cinemateca de Cuba.
La
Cinemateca de Cuba nació bajo los auspicios
Aunque esta
presentación es clara no deja de estar algo errada, y constituye un perfecto
ejemplo de lo que Juan Antonio García Borrero hace llamar «icaicentrismo». La
Cinemateca de Cuba, tal y
Síntesis historiográfica
Antes de
estudiar concretamente cuales eran las condiciones de trabajo de Germán Puir y
Ricardo Vigón con Henri Langlois, y como los lazos que unían a estos tres
hombres finalizaron en un episodio desconocido de las relaciones
franco-cubanas, nos parece necesario recapitular sobre la forma en que sus
trabajos han sido evocados por historiadores y diferentes testigos de la época.
La confusión mayor gira alrededor de esta cuestión, y solo la consulta de los
archivos personales de Germán Puig, quien reside actualemente en
Una de las
posiciones más extremistas ha consistido en callar la existencia de la primera
Cinemateca de Cuba, con el propósito de establecer el mito según el cual la
historia del cine cubano debuta en 1959, con la creción del ICAIC. Es así como
en 1963, la revista Cine Cubano no dedica ni una línea a los esfuerzos de
Germán Puig y Ricerdo Vigón en el artículo dedicado a la institución, de la que
Héctor García Mesa es director en aquel entonces. El texto comienza de la forma
siguiente:
La
Cinemateca de Cuba fue creada, como un departamento cultural del ICAI, a
mediados de 1961, con el propósito de adquirir, conservar, y en la medida de lo
posible exhibir todo material interesante al conocimiento y estudio del cine
(films, literatura, equipos, etc), con especial atención de cuanto se refiere
al cine nacional. Ese mismo año fue admitida
Mario Rodríguez
Alemán tampoco hace referencia al trabajo de Puig y Vigón en su artículo
titulado «Bosquejo histórico
Michel Chanan
también insiste en la obra pionera de Nuestro Tiempo y de Valdés Rodríguez,
pero además menciona la existencia de la Cinemateca de Cuba antes de la
Revolución. Sun embargo, lo hace con
During
the 50s, [Carlos] Franqui had been prominent in the aficionado film movement.
He belonged to e group that included
Germán puig, the future ICAIC cameraman Ramón Suárez, and the writers Edmundo
Desnoes and Guillermo Cabrera Infante, which revived the Cinemateca; and he had
made, together with Puig, a short publicity film (Carta de una madre, Lettet to
a mother’). Puig and Desnoes made a short wivh was produced and edited by
Suárez4.
El nombre
En 1981, la
En aquel
entonces la Cinemateca de
El nombre de
Germán Puig desapareció, el de Ricardo sigue estando ausente, al igual que el
de Langlois, y además la historiadora ofrece dos informaciones inexactas:
Cabrera Infante jamás dirigió la Cinemateca (aunque le fue concedido el título
honorífico de «director») y esta no fue creada en 1956. Sin embargo,
Augusto
Martínez Torres y Manuel Pérez Estremera, en su libro Nuevo Cine
latinoamericano, mencionan también la existencia desde 1973 del grupo de
cinéfilos designado por Channan y Burton:
Por los
años cincuenta, un grupo formado por Edmundo Desnoes, Ramón F Suárez, Guillermo
Cabrera Infante, Germán Puig, Carlos franqui y Néstor Almendros crean la
Cinemateca de Cuba, que proyecta un ciclo compuesto por algunas de las
películas más importantes de la historia del cine, y realiza los cortometrajes Carta
a una madre, El guante, Pintura, Hamlet, en los cuales colaboran unos y otros.6
Ricardo
Vigón y Henri Langlois siguen sin ser mencionados, y la creación de
la cinemateca se presenta
Todas estas
aproximaciones y omisiones son tanto más sorprendentes cuando tenemos en cuenta
que, desde 1966, Arturo Agramonte había elaborado a grandes trazos la historia
de la Cinemateca:
Iniciada en 1948
De
allí que con gran pesar vieran desaparecer valiosas adquisiciones
Auspiciada
por la Cinemateca Francesa, y con la colaboración de la primera directiva de la
Sociedad «Nuestro Tiempo» y el apoyo de la Dirección de Cultura, la Cinemateca
de Cuba exhibió en menos de un año de labor continuada los filmes más
representativos de la historia
En
1955, la Cinemateca de
Agramonte puede
ofrecer estas informaciones porque él mismo participó en las actividades de la
Cinemateca, asegurando la proyección de algunos filmes8. Aunque el historiador no menciona
la labor de Ricardo Vigón y no explica las condiciones exactas de creación
El
profesor José Manuel Rodríguez fue invitado al Festival de Cannes y aprovechó
la ocasión para visitar al Ministro de Relaciones Exteriores francés, quien
donó a la Universidad de la Habana diez películas, entre ellas Balzac, París
1848 y El Correo de Lyon. A través del Departamento de Cultura del Ministerio
de Relaciones Exteriores, se relacionó con el señor Henri Langlois, logrando de
su entrevista el envió de programas a Cuba.9
Inmediatamente
después Agramonte evoca el conflicto entre José Manuel Valdés Rodríguez y toda
la joven Cinemateca de Cuba, y señala los límites de su conocimiento histórico:
El primer
programa de la Cinemateca Francesa que se proyectó en
El interés de
este fragmento es que de una forma discreta se rinde cuenta de los conflictos
que en los años 50 sacudieron al pequeño mundo de los cine-clubs de las
sociedades culturales. Pero se cuida mucho de entrar en polémica, ya que estos
temas de apariencia anodina en realidad tuvieron una gran repercusión después
de la Revolución, pues con la victoria de Castro había llegado la hora
Desafortunadamente,
el libro de Agramonte tuvo un difusión muy limitada durante mucho tiempo, pues
el ICAIC había retirado de circulación la mayoría de los ejemplares11 y
los datos históricos que contiene la obra no pudieron ser convenientemente
retomados y explotados. Habría que esperar hasta 1997 para que una nueva
publicación nos informara con detalles sobre la creación y la historia de la
Cinemateca de Cuba. Es así
[Marzo de
1948:] se funda el Cine club de la Habana, que en 1951 se integra a la Sociedad
Cultural Nuestro Tiempo y que posteriormente tomara el nombre de Cinemateca de
Cuba.12
Con habilidad,
la historiadora expone las bases de un discurso histórico que teniendo la
apariencia de la neutralidad, de hecho obedece a intereses superiores y
permanece fiel a la línea oficial que hace de Nuestro Tiempo el eje de la vida
cultural antes de la Revolución. María Eulalia Douglas no habla de Puig ni de
Vigón, y relaciona inmediatamente al Cine-Club de La Habana con Nuestro Tiempo,
cuando en realidad ambos organismos no establecen más que una breve relación no
exenta de conflictos. La cuestión es hacernos creer que el Cine club reconoció
la «autoridad» de Nuestro Tiempo desde la creación de este último, cuando en
realidad Germán Puig Y Ricardo Vigón siempre buscaron ser independientes.
Cuando después
María Eulalia Douglas dice que el Cine-Club tomó el nombre de Cinemateca de Cuba, ella prepara el
resto de su texto con vistas a negar el estatus de Cinemateca al organismo
creado por Germán Puig en 1951. Veamos
[Noviembre
de 1951] El Cine-Club de La Habana cambia su nombre por el de Cinemateca de
Cuba y continua integrado a la sociedad Nuestro Tiempo. A fines de este año,
debido a una crisis económica que atraviesa Nuestro Tiempo, la Cinemateca se
independiza. En 1953 suspende sus actividades y las reanuda en 1955.
Por carecer de cede propia, de
depósitos para las películas y archivos de documentación, esta cinemateca
funcionó
Después Douglas
retoma la lista de miembros de la dirección
[Mayo de 1956:] La Cinemateca de
Cuba interrumpe sus exhibiciones debido a diferencias de criterio entre los
miembros de la Junte Directiva. Poco después, al reorganizarse la Directiva, en
la que permanecen algunos miembros de la anterior, reanudan sus exhibiciones en
la sociedad Lyceum Lawn Tennis Club.14
Al igual que
Agramonte,
María Eulalia
Douglas termina mencionando de forma muy breve la disolución de la Cinemateca
de Cuba en diciembre de 1956:
[Diciembre de 1956:] La Cinemateca
de Cuba suspende definitivamente sus actividades. Al disolverse, devuelve al
Museo de Arte moderno de Nueva
La lectura de
los principales textos destinados al cine cubano nos muestran, por lo tanto,
que el asunto de la Cinemateca de Cuba sufrió un tratamiento provisto de
lagunas por parte de los historiadores, quienes en algunos casos mantuvieron en
silencio su existencia, y en otros casos,
intentaron minimizar su importancia haciéndola aparecer
como un apéndice de Nuestro Tiempo. Inclusos las obras con mayor número
de información (la de Agramonte y la de María Eulalia
Todo lo
que sé de cine [...] se lo debo a tres personas: Ricardo Vigón, Germán Puig y
Néstor Almendros. Pongo a Vigón en primer lugar [...] porque es a él a quien
debo más.16
¿Por qué razón
los fundadores de la Cinemateca de Cuba y primeros compañeros de ruta de
Cabrera Infante terminaron desapareciendo de la historia oficial
Primeros pasos: la creación
del Cine-Club de La Habana
Germán Puig y
Ricardo Vigón se conocen una noche
Aunque el
proyecto de creación de un cine-club no se concreta hasta algunos meses después
de ese curso de verano, ya se encontraba en proceso de gestación en el mes de
mayo,
Del 7 de mayo
al 5 de junio 1948, Germán Puig viaja a Nueva York, donde trabaja con vendedor
de hot-dogts durante el día y en su tiempo libre frecuenta los museos. Los dos
jóvenes se escriben casi todos los días. El 23 de mayo, Ricardo Vigón relata
una entrevista que tuvo con Valdés Rodríguez, y la descripción que hace no es
nada halagüeña :
El sábado
por la tarde fui a ver a Valdés Rodríguez, desolador Germán, terrible, lo
esperé largo rato, fui a las seis y media y llegó a las siete y media. Le di [síc]
tu dirección y hable de muy pocas cosas con él. Poco antes de irme me decidí y
le hable de la próxima clase. Pero me dijo que estaba muy ocupado, que no podía
ser ahora y que esperáramos a que tú [síc] llegaras. Yo le explique que era
necesario, para mantener el ambiente, continuar regularmente. Pero me dijo que
lo pensaría, tú sabes un
Ricardo Vigón
hace alusión aquí a la participación de Valdés Rodríguez en los proyectos
organizados por los dos jóvenes, y que constituían el embrión del Cine-Club que
deseaban crear. La Universidad había aceptado en un primer momento animar los
debates después de las proyecciones, pero su entusiasmo disminuyó muy pronto.
Como veremos más tarde, las relaciones entre Puig, Vigón y Valdés Rodríguez
entrarán en conflicto y la decepción de los dos estudiantes será aún mayor, pues
en un principio ellos habían pensado en asociar a su profesor en el proyecto.
El 25 de mayo,
Ricardo Vigón redacta una nueva carta donde explica en detalle la forma en la
que podría funcionar el Cine-Club:
Germán
estoy decidido a formar el Club, para los primeros días
Cuatro
funciones al mes. Cada socio tendrán derecho a asistir a dos funciones; en cada
función [síc] asistirán 50 socios o sea que los 100 disfrutarán de los dos
funciones mensuales y será una entrada mensual de 100 pesos, pues cada socio
pagará un peso mensual. Nunca faltará gente, pus si no hay gente que se
comprometan a pagar todos los meses un peso fijo, sin embargo, si [síc] irán un
día u otro y siempre estará llena la función. Alquilaremos sillas y con los 100
dólares podremos alquilar cualquier película, además obtendremos prestigio y
las compañías facilitarán muchas películas nuevas. Pondremos Iván el terrible,
La Bella y la Bestia, Las Puertas de la Noche, antes o después de V. Rodríguez.
Aramís me ayudará en todo después de las elecciones, sé que será un formidable
cerebro organizador.18
Mientras que
las funciones organizadas hasta ese momento por Puig y Vigón fueron
experiencias aisladas, ahora se trata de darle un marco legal y una estructura
al proyecto, haciendo de ello un auténtico Cine-Club. El 27 de mayo, Vigón
vuelve a mencionar el asunto:
Tengo que
empezar a recolectar a los futuros socios del CLUB, hablaré con Jorge León,
Leonor, Raul, etc, etc.... Quiero que cuando vuelvas te encuentres con nuestro
flamante Club, ¿cómo [síc] le pondremos? ¿Pro-Arte Cinematográfico? Me parece
acertado, además y no es por vanidad, el nombre le daría cierta continuación
con pro-Arte Musical, hacen falta varios Pro-Artes. Si has pensado otro dímelo,
de todos modos será una elección democrática.19
Contrariamente
a lo que esperaba Ricardo Vigón en ese momento, el Cine-Club no podrá ser
constituido
Propulsar
la difusión de la cinematografía artística en Cuba con fines de alta cultura
exhibiendo las cintas de mayor dignificación en el avance de la cinematografía
universal y con las utilidades que producen dichas exhibiciones, la creación d
una biblioteca cinematográfica, así como la adquisición de cintas y aparatos
cinematográficos en general, ya sean alquilados o comprados, pudiendo obtenerse
por todos los medios lícitos al efecto para los fines de la sociedad, haciendo
posible de esta manera la realización de filmes artísticos dentro de la
sociedad, elevando con ello nuestro nivel cultural.20
La Creación de la
Cinemateca de Cuba y el asunto Langlois.
Todo comenzó
con el viaje a París efectuado por Germán Puig en octubre de 1950. Mientras que
Gutiérrez Alea ya había filmado algunos cortos (ya fuera solo – El Fakir
[1947], La Caperucita Roja [1947] – ya fuera con Néstor Almendros –Una
confusión cotidiana [1950]-), Puig aún no había realizado nada (filmará Sarna en
1952 en la casa de Wilfredo Lam). Sin embargo, es el primero en partir hacia
Europa para comenzar sus estudios cinematográficos. Raúl Roa, en aquel entonces
Director de Cultura en el Ministerio cubano de Educación, le otorga la beca que
él había solicitado en septiembre de 1950, permitiéndole abandonar su puesto de
maestro interno en un liceo de La Habana pudiendo conservar su salario durante
un año.Puig embarca para Francia el 13 de octubre, y arriba al Havre 11 días
más tarde. Enamorado de la cultura y
Puig quería
solicitar el préstamo de algunos filmes franceses para el Cine-Club de La
Habana, pero Langlois le informó que uno de sus compatriotas había venido a
verlo el mes anterior por el mismo motivo: Valdés Rodríguez. Puig le explicó
automáticamente en que consistían las actividades de Rodríguez en la esfera
cinematográfica, pero no sabiendo que tipo de relaciones había establecido su
antiguo profesor con el director de la Cinemateca, no hizo mención de las
tensiones existentes alrededor del Cine-Club. Ante lo cual Langlois, elevando
su dedo índice hacia arriba, exclamó: « ¡Ustedes me esconden algo!».
Impresionado por la intuición de su interlocutor, Puig expuso en detalle el
conflicto que tenía con el profesor de la Universidad de La Habana, y los celos
que este alimentaba con respecto a su Cine-Club. Langlois tomó una decisión
inmediata y declaró: « Los filmes son para ustedes». La reunión había
terminado, solo había durado cinco minutos. Claro está, Valdés Rodríguez tomo
muy a mal la decisión de Langlois, y acusó a Puig y a los otros miembros del Cine-Club de haber
armado un complot contra él. En realidad, Rodríguez le había resultado muy
antipático a Langlois, e inmediatamente entabló amistad con Germán Puig, cuyo
entusiasmo e idealismo le recordaban su propio camino (Langlois había fundado
la Cinemateca francesa en 1936 junto a otro «iluminado» del cine, Georges
Franju, del mismo modo que Puig y Vigón acababan de crear su Cine-Club sobre la
base de igual amistad e igual pasión). Una carta de Gutiérrez Alea, que data
[...]
Néstor me escribió desde México diciéndome que había visto una carta que la
Cinemateca [síc] le había enviado al Cine-Club de México donde les decía que
tenían dos peticiones de películas desde la Habana: una de «un Personaje oficial muy desagradable» (sic. en
el original), (ya puedes suponer quien [síc] es, y otra de unos muchachos
jóvenes, y que preferían enviárselas [síc] a estos últimos. (los muchachos
jóvenes supongo que debemos ser nosotros). Con estos antecedentes resulta
desconcertante el anuncio del viejo V.R.21
Desde febrero
de 1951, Puig se puso en contacto con el embajador de Cuba en París, Héctor de
Ayala, y con Raúl Roa en La Habana, para organizar el envío de las latas de
películas que la Cinemateca francesa aceptaba prestar; pero por su lado, Valdés
Rodríguez maniobraba para recuperarlas a su llegada a Cuba. La lectura de la
abundante correspondencia entre Puig y los miembros del Cine-Club de La Habana,
entre ellos Gutiérrez Alea, nos muestran que los programas de cine francés fueron
objeto de una intensa lucha, y un desafío de poder en la Habana. Valdés
Rodríguez buscaba impresionar a los jóvenes responsables del Cine-Club
multiplicando los efectos
Querido amigo:
Una
carta muy apresurada para darte una mala noticia. Se trata de las películas de
la Cinemateca [síc], las cuales Valdés Rodríguez anunció que pondría en la
Universidad, pues las ha conseguido a través del Cónsul francés. Est sucedió
ayer, y no sabemos qué pensar ni qué hacer, pues no tenemos ninguna
comunicación oficial de Henri Langlois concediéndonos dichas películas. La
noticia,
De hecho, en ese momento Valdés Rodríguez no tiene la posibilidad de
proyectar las películas que anunciaba, pero en el mes de mayo sus manejos
terminan por dar resultado y logra que le fuera entregado un lote de películas
inicialmente destinadas al Cine-Club. El 27 de mayo de 1951, Gutiérrez Alea
escribe:
Querido amigo:
Aquí
estamos desesperados por saber de ti y de todo el problema de la Cinemathèque.
Hoy (ahora son las 8 de la mañana) me he levantado, y lo primero que he visto
en el periódico es un anuncio del Cine de Arte de la Universidad, de Valdés [síc]
Rodríguez: «El Cine de Arte de la Universidad se complace en anunciar su nueva
serie de clásicos
No voy a echar la carta hasta pasado
mañana para poder decirte con seguridad si el programa que presentará VR es el
mismo de la Cinematheque [síc] u otro. De todas maneras, debes enviarnos
noticias de lo que haces en ese sentido.23
Luego de haber asistido a la proyección, Alea continua:
Efectivamente,
las películas que puso VR en la Universidad son las de la Cinematheque [síc], y
las consiguió por mediación
El problema de
los papeles y los documentos oficiales se vuelve lancinante en la
correspondencia que intercambian Puig y los miembros del Cine-Club, y la
comunicación es lenta y difícil. Alea y Cabrera Infante no imaginan el
considerable trabajo que Puig realiza en París;
Tal y
En el mes de
julio (
En primer
lugar, no tengo que decirte lo muy agradecidos que estamos todos de ti, Eso ya
tú lo sabes. Y para los que no lo saben, lo diremos el día de la primera
función.
En cuanto
al problema que no podemos cobrar la entrada, creemos que lo podemos resolver
haciendo socios exclusivos
Te diré
que ya estamos inscritos con unos estatutos provisionales y con el nombre de
CINEMATECA DE CUBANA, pero que aperecemos ente el público como Cine-Club de La
Habana, hasta que tú digas que podemos hablar de nuestras intenciones de crear
una cinemateca [...]
Si no nos
envían regularmente los programas que dices que ya nos tienen separados, no
tendremos que ofrecer [síc] a nuestros asociados, y ya te puedes imaginar lo
que sucederá. Sobre todo por el hecho de que no solamente VR es nuestro
enemigo: tenemos muchos otros enemigos, que antes eran nuestros amigos y que
ahora sólo esperan la oportunidad de atacarnos. Estoy hablando en general de la
Sociedad Nuestro Tiempo, que es a quien le dirigen sus ataques, no solo al
Cine-Club. [...]
Por lo
tanto Germán, casi puedo decirte que en tus manos está gran parte de lo que
puede ser nuestro triunfo o fracaso. Quiero que sientas plenamente esta
responsabilidad.24
Las propuestas
de Gutiérrez Alea nos permiten comprobar con que intensidad vivía sus luchas
intestinas el mundo de la cinefília, pero de igual modo destaca la importancia
del papel de Puig en estos conflictos: su presencia y acción al lado de
Langlois lo volvían ineludible, por lo tanto muchos envidiaban su posición.
Estos celos desencadenaron dos actitudes: algunos,
A principios de 1951, Ganglios envía las
primeras películas específicamente destinadas al Cine-Club, pero por ineficacia
de la administración cubana el paquete demorará varias semanas antes de llegar
a sus destinatarios. A pesar de todo, las películas terminarán siendo
proyectadas en público en el mes de septiembre. Y a partir de ese momento la
Cinemateca de Cuba logrará organizar, en diversos lugares, numerosos ciclos
destinados a los clásicos del 7mo arte,
que tendrán un éxito creciente hasta que las actividades del organismo se
interrumpen en noviembre de 1952.
El 13 de
octubre de 1951, Puig envía una carta a Alea para puntualizar con él el tema de
la creación de la Cinemateca, que aún seguía sin arreglar. Señalemos que en
aquella fecha, la relación entre los dos jóvenes estaba tensa: Alea esperaba
que Puig lo ayudara a inscribirse en el IDHEC y a organizar su viaje a Francia,
y le reprochaba que no se ocupaba lo suficiente de él. Puig, por su lado,
consideraba haberle enviado las informaciones necesarias y se mostraba
impaciente ante la incapacidad de Gutiérrez Alea para hacerse cargo. Estas son
las instrucciones que Puig le envía a Alea (
Ahora,
hablemos de la CINEMATECA CUBANA. He recibido tus cartas y el programa.
Langlois lo ha visto y esta muy contento y ha pasado por alto todas las demoras
de las cuales no nos responsabiliza [...]. Lo urgente según el es constituir la
Cinemateca Cubana de acuerdo con los reglamentos que envie con el segundo
programa, constituir la directiva que la encabezaran un presidente o
representante oficial, que en este caso debo ser yo para los efectos de la FIAF
[...] y tambien de un director o secretario general [aquí Langlois] que se
ocupara de la direccion de la Cinemateca.
Si tu te quedas no veo a nadie mejor para ello, si te vas habria que
tenerse mucho cuidado a quien se le confía. Te dire que estoy un poco disgustado
contigo por el hecho de que nunca me has hablado de quienes están trabajando
contigo.25
Puig continua
más adelante:
Una vez
constituida la Cinemateca tirar copia de los reglamentos y la directiva en
mimeógrafo y enviarme varias copias para mi, la Cinemateca y la FIAF; si no es
así Langlois me ha dicho que no puede justificar ante dicha Federacion de
Archivos de Films la ayuda que nos presta. Esta muy bien el que lo hayas
escrito; por otra parte te dire que una vez constituida la Cinemateca queda
automaticamente separada de Nuestro Tiempo dicha union resulta problemática.
La última frase
no podía ser más clara, pero no es hasta el regreso de Puig a
A finales de
octubre de 1951, Alea parte finalmente para Italia, al Centro Sperimentale di
Cinematografía de Roma. Allí se reúne con Julio García Espinosa y permanece
hasta 1953 (Ricardo Vigón, por su parte, se dirige a París a finales de agosto,
y Puig se lo presenta inmediatamente a Langlois, quien lo había contratado en
la Cinemateca Francesa). En ausencia de Alea, Néstor Almendros toma el relevo
en La Habana, recepcionando los filmes que Puig y Langlois empezaron a enviar
de manera regular. Aunque el asunto de los estatutos de la Cinemateca aún no
estaba arreglado, el director de la Cinemateca Francesa continuaban brindando
todo su apoyo a la iniciativa de Puig, y se mostraba encantado de poder ayudar a
la difusión de la cinefília de la cultura francesa.
La primera
carta que Almendros escribe el 2 de noviembre de 1951 señala una vez más la
importancia del trabajo de Puig en París, y de igual modo permite comprender
porque Nuestro Tiempo se empeñaba tanto en ampararse del Cine-Club.
La ayuda
tuya al «Cine-Club» (ahora Cinemateca Cubana) ha sido fundamental, sin ella no
hubiéramos [síc] podido escapar de una muerte segura en manos de los
distribuidores, de la incomprensión y de ciertas personas que tu [síc] conoces.
A «Nuestro Tiempo» también la ha salvado. Con la enfermedad de Harold la
sociedad se quedó [síc] prácticamente sin cabeza y todo parecía se iba a
desmoronar. Todo el mundo se iba por su lado y nadie quería trabajar. Hace unos
meses que Nuestro Tiempo ha existido gracias al cine Cine-Club, ya que no ha
habido otro acto en todo este tiempo [...]
Donde
Nuestro Tiempo está teniendo un éxito «delirante» es en las funciones
Almendros
también evoca los celos de Valdés Rodríguez, quien continua actuando para sabotear
el trabajo del Cine-Club:
Tal ha
sido el éxito que, según parece, VR esta [síc] muriéndose de rabia. Hemos
sabido que habla
Almendros
también cita la transformación del Cine-Club en Cinemateca :
Entre mi
mamá y yo hemos traducido los estatutos de la Cinemateca Cubana y solo falta
hacerle algunas modificaciones para que se legalice y cambiemos oficialmente
nuestro nombre por el de Cinemateca Cubana [...].
Antes de
salir Titón tuvimos una pequeña reunión los del cine club para ver que reformas
se hacían con su salida y principalmente como se iban a distribuir los cargos.
Ya de acuerdo con los estatutos de la Cinemateca las «elecciones» quedaron
La
correspondencia entre Almendros y Puig nos indican que después de la partida de
Gutiérrez Alea, seguían existiendo problemas de transporte y recepción de los
filmes de la Cinemateca Francesa, y ocurría que algunos envíos que debían tener
un período mensual, se perdían momentáneamente (el único aliciente era que los
paquetes no caían en manos de Valdés Rodríguez). Por lo tanto, los responsables
del Cine-Club debían buscar películas de reemplazo para los distribuidores
locales, pero estos nunca atraían a tanto público
En diciembre de
1951, o enero de 1952 (no pudimos encontrar la fecha con precisión), luego de
varios altercados, tuvo lugar un encuentro entre Valdés Rodríguez y la dirección de la Cinemateca (que aún no había
arreglado el problema de su cambio de estatutos). Poco tiempo después, Cabrera
Infante escribe a Germán Puig para
hacerle un resumen de la reunión, evocando en su carta los reproches hechos por
el universitario a sus antiguos estudiantes. También explica que Valdés
Rodríguez mostró las cartas que habían intercambiado con Langlois y no comprende porque el director de la
Cinemateca Francesa prefirió colaborar con un grupo de jóvenes desconocidos en
lugar de hacerlo con la Universidad de la Habana. Como Rodríguez no puede
imaginar que Langlois lo detesta, piensa que los responsables del Cine-Club montaron
una contra él, e incluso los acusa de haber robado el fichero de los miembros
de su propio Cine-Club. Cabrera Infante concluye que la reunión no permitió
desactivar el conflicto y que todo el mundo se mantuvo en su posición. El
desagrado que le provoca Valdés Rodríguez es tan fuerte
Durante ese
tiempo Puig trata de continuar su estancia en París, pero finalmente no logra
obtener la beca de la UNESCO que tenía prevista. Por lo que deberá pedir a su
madre que le envíe un poco de dinero para permanecer unos meses más. Después de
haber renunciado a inscribirse en el IDHEC, que reabrió sus puertas en
septiembre de 1951, por un tiempo estuvo pensando en ir al Centro Sperimentale
de Roma, pero por falta de medios financieros abandona la idea (parece ser que
Gutiérrez Alea fue quien heredó el puesto que tenía reservado el director de la
escuela, Mario Verdone, para Puig después de haberlo conocido en la Cinemateca
Francesa). Germán Puig decide por lo tanto regresar a
Supongo
que sabrás que espero ir a
Esta carta pone en evidencia las dificultadas que tenía Puig para orientar y controlar la Cinemateca desde París, por eso regresa con cierto alivio a La Habana el 1 de mayo de 1952. El sabe que puede contar con Ricardo Vigón, quien permaneció con Langlois, para continuar el
